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¿Saludaste a tus empleados hoy?

Razones para trabajar aquí

Hay solo una razón por la cual trabajamos normalmente: necesitamos el dinero. Claro, esa razón no explica, suficientemente, por qué decidimos dejar de trabajar en esta empresa, aunque necesitábamos el dinero, o por qué permanecemos más años en una que en la otra empresa.

Hay un conjunto de razones que nos hacen querer seguir en donde estamos; algunas de ellas se resumen en conceptos como clima y cultura organizacional, ambiente laboral, condiciones de trabajo, entre otros.

  • El clima organizacional es la resultante de la sumatoria de las emociones de los miembros de la organización; aunque no solo se refiere a la parte emocional, sino también mental, dicho de otro modo: no solo es el cómo siento que me tratan sino qué pienso acerca del hecho de estar aquí y qué pienso de los otros; también, cómo me siento con respecto a lo que hago, con respecto a la manera como se hacen las cosas aquí.
  • Estos últimos elementos ya forman parte de lo que se llama la cultura organizacional, entendida como el modo de hacer las cosas en esta empresa, el conjunto de hábitos y prácticas (rutinas, maneras), creencias y valores (qué es lo importante), compartidos por todos o casi todos en la organización.
  • Por último, más allá o más acá de eso, está también lo que recibimos a cambio (condiciones de trabajo); porque, por más que queramos a nuestros compañeros y jefes, por más que me guste mi trabajo, tengo que pagar la hipoteca y el auto, y también necesito un descanso de vez en cuando.

La mayoría de estas cosas son aparentemente intangibles; no se ven, pero se perciben. Sobre todo las percibimos los que permanecemos aquí, más tiempo, a veces, del que estamos en nuestros propios hogares.  Y a pesar de ser cosas intangibles, son las más determinantes, son las que marcan el rumbo de la empresa. Uno no está donde no lo quieren o aprecian. Las personas permanecen a nuestro lado y trabajan con entusiasmo en el logro de nuestras metas, solo si se sienten bien con nosotros, haciendo suyas, a su vez, dichas metas.

El jefe pesado

A todos nos ha pasado que tenemos un buen trabajo, agradables compañeros, pero no queremos a nuestro jefe. Hay hasta películas sobre esto. El hombre, o mujer, anda siempre con mala cara. Algunos gerentes, pensando en que hay que poner distancias, para evitar abusos y excesos de confianza de parte los empleados, crean una barrera, una frontera que nadie puede traspasar, y se vuelven inaccesibles, creando un clima organizacional hosco, denso, pesado.

Se ha difundido una creencia entre algunos gerentes que el ser el superior dentro de la organización es también ser superior en un sentido espiritual. Por lo tanto, como son de la nobleza empresarial, no deben tratar con la plebe. A veces ni siquiera saludan cuando llegan, no responden los buenos días, no preguntan a sus empleados como se sienten. ¿Para qué? Se supone que tienen que estar allí cumpliendo su trabajo; para eso se les paga; un gerente debe ocuparse de que trabajen y rindan, ¿no?

Sí, es cierto; pero para que esto ocurra, también tienen que sentirse bien, en un ambiente laboral agradable. Hay un hecho fundamental en los conceptos de clima y cultura organizacional, que mencionamos en la parte anterior, y es que se refieren a los miembros de la organización, a todos los miembros de la organización, sin excepción; esto incluye a la gerencia. Es decir, el equipo directivo contribuye, en buena medida, con eso que se llama un ambiente laboral agradable.

El saludo del amo engorda al empleado

Desde que el cliente o visitante entra a la empresa, puede darse cuenta de cómo es el clima organizacional: si dice buenos días y pocos le responden; si simplemente lo atienden pero sin amabilidades. El gerente no es el único que contribuye con el mantenimiento del clima organizacional, pero es desde la gerencia que se genera la cultura organizacional. Si no se valora la amabilidad, si no saluda a sus empleados, tampoco va a exigirles que ellos saluden a los clientes. Y si lo exige, es posible que por castigo lo ignoren.

A menudo tomamos como ejemplos a los grandes líderes que ha habido por sus acciones, pero no nos preguntamos por qué las personas decidieron seguirlos, cuál es su secreto, dónde está la clave de su éxito. Está en los pequeños detalles, de los que menos se habla. De Napoleón, por ejemplo, se dice que fue un gran estratega; peleó en esta u otra batalla. Lo que no se dice muy a menudo es que Napoleón tenía una extraordinaria memoria y la usaba; por ejemplo, con sus soldados, a quienes quería y valoraba: sabía el nombre de cada uno y les preguntaba detalles personales: por sus esposas, por sus hijos, por el dolor de su pierna.

¿Puedes hacer esto? ¿Sabes el nombre de los hijos de tus trabajadores, dónde estudian? Si alguno de tus empleados se ausenta un día, porque su madre o su padre, tienen problemas de salud, ¿les preguntas cómo están estos? ¿Se lo preguntas nuevamente a la semana siguiente? ¿Saludaste hoy a tus empleados? ¿Les dijiste buenos días? ¿Les preguntaste cómo se sentían? ¿Te detuviste un segundo para esperar la respuesta? ¿Te tomas el café con ellos? ¿Sabes cuándo cumplen años? ¿Los felicitas? ¿Tienes algún detalle con ellos?

Si has respondido de manera negativa a más de tres de estas preguntas, es hora de cambiar y comenzar a hacer que el clima organizacional de tu empresa sea el de una empresa exitosa, donde todos se sienten a gusto, transmitiendo esa sensación; donde se trabaja con mística y vocación, tratando bien al que llega. Ten en cuenta que las metas de la organización no son necesariamente las metas de esas personas. Podrían preguntarse: ¿qué gano yo con hacer bien este trabajo? Me van a pagar lo mismo. Claro, esa pregunta solo se la hacen los empleados que sienten que no son tomados en cuenta, a los que el jefe ni siquiera saluda. ¿Quieres que tu empresa sea la mejor? No te conformes simplemente con pagarles bien. Eso lo puede hacer cualquiera. El ambiente laboral es algo más que sueldo y seguro médico.

Además, recuerda otra cosa muy importante: eres como el padre de una gran familia. Y lo que hacen los padres, lo hacen los hijos. ¿Cómo se sentirían tus hijos si decidieras ignorarlos? O, más aún, ¿cómo te sentirías tú si, al llegar a casa, nadie te responde el saludo? Quizás dirías que tú les das todo y, por lo menos, te mereces que te tomen en cuenta. Lo mismo te puede decir tu empleado: él te da todo su tiempo, su energía y su trabajo. Merece que lo tomen en cuenta. Además, ¿qué te cuesta decir buenos días y sonreír? Eso no va a afectar tu presupuesto anual.

Andrés Luco
Andrés Luco
Ingeniero Civil Industrial, Pontificia Universidad Católica de Chile. MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez. PDE Universidad de Los Andes. Socio fundador de Business Consulting.
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